domingo, 27 de agosto de 2017

El miedo a estar solo

¿Qué significa realmente estar solo? ¿Y por qué nos da tanto miedo? No considero que el miedo de estar solo venga de la idea de estar literalmente solo, ya que es una situación prácticamente imposible. Siempre tendremos algún amigo; si no es amigo, familiar; si no es familiar, vecino; si no es vecino; conocido... Incluso los desconocidos que nos rodean al andar por la calle. Estar solo literalmente es algo difícil. 

Yo tengo un miedo tremendo a quedarme sola, pero las veces que he considerado estar sola (y lo he pasado mal con ello), he descubierto que realmente eran dos miedos diferentes, pero ligados a la vez: el miedo al abandono y el miedo a quedarme sola conmigo misma.

Solemos tener una forma muy curiosa de reaccionar ante el abandono por personas que considerábamos especiales y parte de nuestra vida: echarnos la culpa y despreciarnos, considerar que no somos suficientes para esa persona. Lo cuál no solo afecta en el momento de ver personas marchar de tu vida, sino en el momento de tratar de hacer nuevas conexiones con personas nuevas. Hay una vocecita detrás diciendo: ¿si el anterior te abandono, por qué no lo hará este?

Ante el abandono hay muchas personas que eligen llenar ese vacío con otras personas desde el primer día, personas con las que no puede haber ni de cerca la conexión que se tenía con otras personas, por eso, ese vacío se llena temporalmente. En algún momento tiene que llegar el momento de sentirse solo porque faltan esas personas con las que contabas para todo.

Y ese momento de quedarse solo contigo mismo da miedo, da miedo aceptar una pérdida, da miedo quedarse con todos los sentimientos que provoca una pérdida, da miedo negarlo, da miedo enfadarse, da miedo llorar y estar triste. Pero es un momento clave, porque una vez nos permitimos sentir, podemos a pasar a reflexionar.

Cuando somos capaces de reflexionar nos damos cuenta de por qué pasó, que aunque tuvimos parte de culpa, fue cosa de los dos; que aunque antes se podría haber arreglado, ya es demasiado tarde; que perder esa conexión no va a solucionarse con otra persona, esa conexión sanará y nos nos hará falta: las futuras personas que lleguen crearán nuevas conexiones, fruto de esa nueva relación, pero en ningún momento sustituirán la pérdida, porque nadie tiene que sustituir a nadie.

Entonces te das cuenta que realmente no hay ninguna persona que necesites, la vida enseña que la mayoría de personas son pasajeras, no porque todas te abandonen o tú abandones, simplemente hay personas que siguen diferentes caminos, aunque algunas pueden quedarse para siempre. Lo más importante es saber que tú eres una persona plena por ti mismo, perder una persona no va a hacer que pierdas un cachito de ti, simplemente ese cachito de persona no va a formar parte más de ti que en el recuerdo, y depende de que tipo de relación fuese, puede ser un cachito que incluso se olvide. 

Una vez comprendemos eso, somos capaces de seguir creando conexiones con otras personas, pero nunca por sustituir, sino por encontrar personas que nos acompañen en nuestro camino.


lunes, 14 de agosto de 2017

He subido/bajado de peso, y ¿qué?

Ni adelgazar debería ir seguido de cumplidos ni engordar de insultos. Ya es hora de que la sociedad acepte que los cambios en el cuerpo se den por circunstancias, que pueden ser negativas si atentan contra la salud o positivas si la mejoran, pero la mayor parte de las veces, esos "kilitos" a los que se refiere la gente no nos cambian ni para bien ni para mal, simplemente es un cambio.

Esta entrada viene inspirada porque hace unas semanas tuve que operarme y perdí peso por no poder comer lo suficiente antes de que me operasen, pero yo sabía que cuando todo esto acabase y empezase a comer como siempre recuperaría mi cuerpo sano al que estoy acostumbrada. Pero en vez de dejarlo pasar la gente de mi alrededor no sé lo tomó como algo pasajero.

Por un lado tenía a mi madre, que la experiencia le ha enseñado que adelgazar en mí es algo negativo y no paraba de decirme que estoy muy fea por estar delgada. Sí, soy consciente de que tengo que coger peso, pero eso no da derecho a mirarme con cara de asco ni de decirme que me veo mal. Pero le puedo llegar a entender, aún va a tener que pasar mucho tiempo antes de que mis años con TCA no la atormenten más, porque dudo que los olvide.

Pero mi mayor sorpresa llegó cuando vi a mi esteticién que me preguntó si había adelgazado, a lo que yo contesté: sí, pero estoy intentando recuperarlo. Ahí llegó la sorpresa, se quedó mirándome con horror diciéndome que me veía genial, que se me habían quedado las piernas muy bonitas y la única delgadez que se ve mal es cuando te adelgaza la cara, que no era mi caso, pues que aprovechase, que engordar es muy fácil. 

Imaginad mi risa nerviosa, sobre todo cuando lo que me veía yo más delgado de lo normal eran mis piernas. Pero no la puedo culpar a ella, ella no tiene la culpa de que la sociedad nos imponga a las mujeres que adelgazar es positivo, da igual las circunstancias, incluso cuando rozas o estás en bajo peso. La sociedad nos enseña que las estrías y la celulitis, mal. Que lo que no está definido, mal. Que lo que cuelga, mal. Que la grasa, mal. Que los muslos se rocen, mal. Que tener "barriguita", mal. Que estar hinchada, mal. Más defectos, menos autoestima, cuando todo lo anterior es natural. Pero es que, ¿cómo van  a dejar a una chica quererse? ¿Cómo van a dejar a una chica ser segura? 

Y fijémonos en el: "engordar es fácil" porque es el mayor mito de la nutrición que existe. La facilidad con la que una persona adelgaza o engorda depende del metabolismo que difiere en cada persona. Hay personas que serán más propensas a engordar y otras a adelgazar, también factores como el estrés, edad y sexo influyen. Y no nos olvidemos del aumento de la ansiedad en la sociedad cuyo uno de sus síntomas es comer. Una persona no adelgaza ni engorda por arte de magia, y cualquier persona que mantenga una dieta normal no tiene por qué cambiar de cuerpo. 

Aquí llega la parte más complicada, y es aceptar el cuerpo de cada uno. Sí, es "injusto" que tu amiga coma tanto y este más delgada que tú, pero eso no significa que tenga mejor cuerpo que tú. ¿Desde cuándo más delgada mejor? ¿Desde cuándo el peso define tú valía? Mientras las chicas seguimos buscándonos defectos y comparándonos como siempre sé nos ha enseñado, no somos capaces de ver nuestro valor y belleza. Sé nos olvida lo más importante: mientras un cuerpo sea sano, es un cuerpo bonito, y subir o bajar unos kilos no significaba absolutamente nada.

Ahora resulta que quererse es rebelarse. Y no, no estoy hablando de empezar a querer nuestros defectos. Un defecto es algo que se puede cambiar para hacernos mejor persona: la hipocresía, el egoísmo, la envidia, la avaricia, la arrogancia, la intolerancia... Tu cuerpo no es un defecto. Eres libre de decidir poder cambiarlo, si tienes las posibilidades, pero aceptarlo y quererlo tal y como es ahora y tal y como lo será e un futuro, esa es la verdadera rebelión.



viernes, 4 de agosto de 2017

Seguridad y confianza

La gente que no entiende los Trastornos de la Conducta Alimentaria los tacha de superficiales, porque aparentemente la persona que lo padece realiza diversas conductas para adelgazar. Y es que la superficialidad es fácil. Es más fácil juzgar a una persona que tomarse el tiempo necesario para conocerla. Es más fácil dejarse llevar por lo que te cuentan de una persona que darle una oportunidad. Es más fácil pensar que una persona con este trastorno quiere adelgazar que adentrarse en el complicado mundo de los trastornos alimentarios.

Porque no es sólo fácil para el resto, sino también para la persona que lo sufre pensar que adelgazar es la solución a sus problemas. "Si adelgazo me será más fácil gustarle a la gente", "si adelgazo me será más fácil conseguir mis objetivos", "si adelgazo tendré más confianza". Y en el último está la clave, adelgazar da una falsa sensación de confianza y seguridad, que es lo que realmente buscan muchas personas con este trastorno y no encuentran otra forma de alcanzarla que adelgazando. Se autoengañan convenciéndose que cualquiera de sus problemas se va a solucionar si adelgazan, porque eso les dará la confianza para conseguirlo.

A mí me pasó exactamente así. Por todos mis miedos e inseguridades que no sabía por donde empezar a superar, decidí "creerme" que adelgazar iba a hacer que los supere, aunque no tuviese ningún sentido. Mi mayor inseguridad era mi timidez, pensaba que no era capaz de hacer amigos nuevos ni de hablar abiertamente porque todos me juzgaban. Era más fácil pensar que mi inseguridad era por algo superficial que podía cambiar, mi cuerpo, que por mi timidez, que era parte de mí y superarlo requeriría un camino más complicado.

Pero, para mi sorpresa, adelgazar sólo consiguió lo contrario: que me cerrase más con la gente y que tuviese menos confianza en mí misma. El camino fácil, "superficial", no me sirvió, pero de eso no me di cuenta hasta mucho más tarde.

Y ahora que he superado mi trastorno alimentario y tengo seguridad respecto a mi cuerpo, ¿he superado mi timidez? Sí, pero no al 100%. Cuando empecé el tratamiento pretendía volverme la persona más abierta del mundo, pero mi psicóloga me paró y me dijo: "Elena, tú eres tímida, es parte de ti, tienes que aceptar que nunca vas a ser el alma de la fiesta. Y eso no está mal. Puedes conseguir tener más confianza, pero algo de timidez siempre vas a tener". Y así lo acepté.

Aún me cuesta. Tengo días peores en los que me dicen de salir con gente que conozco y a minutos de salir me arrepiento, pero otros días que me invitan a sitios en los que conozco sólo a una persona y me animo. Se trata de ponerme pequeñas metas que pueda superar. Nunca voy a ser la chica que se lance a presentarse a todo el mundo, ni la que disfrute hablando en púbico, ni la que no le importe hacer el rídiculo; por mucho que haya veces que me gustaría mandar todo a la mierda y ser esa persona. Pero no soy yo, y hay rasgos nuestros que a veces simplemente hay que aceptar.

miércoles, 26 de julio de 2017

Estás triste, y eso está bien

Estamos cada vez más acostumbrados a escuchar expresiones que aluden a la depresión tales como: "no paro de llorar, estoy deprimida", "no sale de su casa, está deprimido"... Y hablar sobre la depresión en sí no es nada malo, lo que resulta negativo es que la mayoría de veces que se trata, se mal interpreta o incluso se normaliza, lo que lleva a que cuando nos cruzamos con una persona con depresión, no podamos comprenderla adecuadamente.

Yo no voy a hablar de la ciencia de la depresión (que si os interesa, hay mil artículos por Internet, seguro que la Wikipedia mismo sirve), sino la concepción de la depresión que tiene la sociedad, y lo que realmente es. Empezando por la malintepretación: la depresión no es estar triste. Probablemente sea culpa de los medios que han representado la depresión con chicas llorando, cuando es más bien todo lo contrario: si eres capaz de llorar cuando estás triste, enhorabuena, no estás deprimido.

La depresión, como la misma palabra dice, deprime los sentimientos. Una persona deprimida siente, pero no es capaz de expresarlo y en la mayoría de casos ni siquiera interpretarlo, porque los sentimientos están apagados. Por eso, cuando a una persona se le trata con antidepresivos (que son lejos de una pastilla de la felicidad), puede sorprendernos que empiecen a llorar o rabiar. Pero eso es un progreso, han sido capaces de sacar los sentimientos acumulados en el interior.

Una persona deprimida puede recibir la peor noticia de su vida y no reaccionar externamente. Obviamente, internamente se le revolverán mil emociones, pero esas no son capaces de salir. Se puede dar casos incluso que la persona reaccione a ese recuerdo una vez superada la depresión, por ejemplo, personas que no lloran ante una muerte hasta meses o incluso años después, porque se quedaron "atascados" en el duelo; sólo al superarlo, pueden expresar lo que sintieron en ese momento.

Continuar o entablar nuevas amistades para una persona con depresión puede ser muy difícil. Las amistades requieren trabajo, el cuál una persona con depresión no se ve capaz de realizar en ese momento. Pero también, no expresa lo que se esperaría de un amigo. Puede no reaccionar ante muestras de cariño, o evitarlas, cancelar planes, no interesarse... Y si la otra persona no comprende por lo que está pasando la otra, puede mal interpretar sus intenciones, pensar que no tiene interés, y abandonar la amistad, lo cuál repercuta peor sobre la persona deprimida.

Pero abordemos el segundo problema, la normalización. La depresión es cada vez más común en la sociedad, y estoy segura de que cada uno hemos conocido a alguien que ha sufrido depresión en algún momento de su vida, lo hayamos sabido o no. 

Cuando hablo de normalización me refiero a casos como cuando pregunto por una persona de la que hace tiempo que no sé nada y me dicen: "yo apenas he hablado con ella, he oído que ha estado encerrada en casa deprimida", y se dice con total normalidad. Sigue siendo tal tabú que la depresión es un trastorno mental que no se trata con la gravedad que deberían. Luego, si de la misma persona vendrían diciendo que se ha suicidado, todo el mundo andaría traumatizado diciendo que no se lo esperaba, que como ha pasado tal desgracia. Sí, esa chica que estaba deprimida encerrada en casa no estaba simplemente triste (que parece ser sinónimo de depresión) sino sufría de un trastorno mental por el cuál no recibió tratamiento, fue a peor, y acabó con su vida.

Sí, he descrito lo que llegaría a ser un caso extremo. Pero la normalización de cualquier problema, empiece siendo leve, sólo lleva a peor, y en ningún caso ayuda a las personas que sufren en silencio, avergonzados ante el tabú de los trastornos mentales.

Tú, no estás deprimido porque llores. La vida consiste en expresar lo que sientes. En reír con los amigos, en expresar gratitud a tus padres, en dar amor a una persona especial... Pero también en gritar por estar enfadado, en llorar sin parar hasta superar una ruptura, en estar dolido ante la muerte de un ser querido. Si algo de esto falla, entonces sí hay un problema. Pero no estás sólo, ni cualquier persona que lo sufre. Si conoces a alguien pasando por este problema, o si eres tú mismo, no dudes en pedir ayudar. La vida es demasiado corta para no sentirla en cada segundo.

viernes, 14 de julio de 2017

To The Bone

Hoy se estrenó la polémica película To The Bone de Netflix. Después de haber visto 13 Reasons Why y quedar decepcionada y enfadada por todos los motivos que ya dejé claros en su momento, tenía curiosidad por ver esta película, sobre todo cuando trata algo que fue parte de mi vida.

Me gustaría empezar escribiendo por lo que he encontrado negativo. Sí, la serie está centrada en una chica con Anorexia, pero no era necesario enseñarla hasta el extremo, sólo veo que de esta forma se siga alimentando el tópico de que la enfermedad es un cuerpo. En el tratamiento había una chica con sobrepeso, pero no había ni una sola chica con peso normal, y sí, son las que quedan ignoradas: una puede estar fatal psicológicamente pero no tan mal físicamente, y sigue necesitando tratamiento. Aunque bueno, se podría "justificar" algo con que están en un tratamiento interno, al cuál suelen acceder las personas que atentan contra su salud.

Aún así, NUNCA se justificará el peso que perdió Lily Collins para la película, menos habiendo sufrido este problema. Los productores han dicho que le vigiló una nutricionista para perder peso de forma sana; es IMPOSIBLE perder ese peso de forma sana. Sí, fue su decisión y de los cineastas, pero pusieron el trabajo por encima de la salud de la actriz. Seguirán justificando que no fue tanto porque utilizaron trucos cinematográficos, pero cualquier pérdida de peso puede ser un detonante para una persona con pasado de TCA, y Lily Collins podría haber acabado mal.

Esto ya desde mi experiencia personal, vi el tratamiento que enseñaron algo cuestionable. Sí, es ficción, pero tuvo que ser copiado de alguno que conocería algunas de las personas que trabajaron en la película. Yo me curé en un tratamiento que me quitó el control sobre el peso, la comida, el ejercicio y mil cosas más, mientras que lo que se enseña es libertad completa. No soy profesional para juzgar, pero no lo vi adecuado, y menos si lo van a ver chicas que necesiten tratamiento en un futuro y no se encuentren con este ejemplo. Lo que menos me gustó es que el doctor dijo que en ese tratamiento dejen que las personas toquen fondo, lo cuál no me parece que pueda tener ninguna repercusión positiva. Ver que los internos avanzan es lo que da la motivación, no ver que se hunden.

Por todas estas razones, opino que cualquier persona sufriendo de un TCA o en tratamiento NO debería ver esta serie, porque hay demasiadas imágenes explícitas que podrían ser un detonante para conductas negativas.

Pasando por fin a lo positivo. Se nota que la película cuenta con experiencias personales en su producción, porque algunos detalles sólo los podemos notar aquellos que sufrimos en su momento. Como aquella vez que Ellen se sube en un peso y ve que ha bajado, intenta disimular una sonrisa porque no debería sonreír, sabe que esta mal, pero le sigue sentando bien. Ser calculadora de calorías, hacer deporte en cualquier momento libre... Conductas que cualquier persona vería anormales, pero que a una persona con TCA le dan control.

La mención de Tumblr. Muchas redes sociales hacen daño en estos trastornos, pero me alegro que saquen Tumblr a la luz porque es increíble lo que pasa en esa red, nunca he visto sitio con más imágenes que romanticen trastornos mentales. Haced vosotros el experimento, buscad en Tumblr anorexia, depression, thin o similares, a ver cuanto tiempo aguantáis con lo que encontráis.

Me gustó la representación de la lucha constante que tiene Ellen entre ver que sus familiares sufren, saber que hay vida más allá del trastorno, pero no ser capaz de dejarlo. Tiene pequeñas victorias, pequeños momentos de lucidez, pero hasta que no cambia de chip, no es capaz de ponerse en serio. Enseña lo importante que es la voluntad para conseguir superar un tratamiento con éxito.

Y aunque podría mencionar mil aspectos más de la película, por no explayarme sólo voy a mencionar de su familia a su madre, pero no su madre verdadera. Puede parecer pesada y odiosa, pero es el claro ejemplo de madre desesperada por salvar a su hija, teniendo en cuenta que ni siquiera es su verdadera hija. Sí, la caga mucho, pero con sus cagadas demuestra que lo intenta y Ellen le importa, que es lo que más necesitaba ella después de todo.

Y una mención especial a la comedia, no me esperaba humor un tanto negro en este tipo de película pero le da su guinda especial entre tanto momento difícil.

Para concluir, diré que la serie enfoca muy bien la psicología de los TCAs, pero no estoy de acuerdo en el enfoque físico que los cineastas decidieron darle, es muy inadecuada para personas sufriendo un TCA. Pero pienso que para personas desinformadas, puede darles una idea sobre lo que constituye un TCA.

martes, 27 de junio de 2017

Cuerpo y comida post-TCA

Superar un trastorno alimenticio implica obtener una relación saludable con la comida y tu cuerpo. Parece algo muy obvio, pero a veces los límites entre qué es y qué no es una relación saludable pueden ser algo difusos. Y curiosamente, con la personalidad obsesiva que rodea a las personas que los padecen, no es raro que la obsesión se pase a comer cantidades perfectas y no permitirse tener un mal día del cuerpo.

Y aunque al principio eso sea lo normal, eso tiene que ir normalizándose. Me acuerdo que nada más empezar a hacer comidas sola me obsesionaba con comer perfecto: me calculaba los días a la semana que tenía que merendar fruta o dulce, no repetir nunca comida, comer siempre a la misma hora… Hasta que me di cuenta que era incompatible con mi vida diaria y con la de todo el mundo. Y por primera vez en años, dejé de pensar en que estaba comiendo en cada momento y me dejé llevar por lo que mi cuerpo me pedía: algún día comía menos, otros más, merendaba lo que me apeteciese…

Seguramente todo el que lea esto y no haya pasado un TCA pensará que sonaré como una loca analizando como comer. Pero si durante años me convertí en una calculadora de calorías y tenía controlado cada gramo de comida que entrase por mi boca, pensé que sería imposible olvidar cuántas calorías tiene cada cosa o que comer es una necesidad más y no un suplicio. Tuve que, literalmente, aprender a comer. Cuando acabé el tratamiento pensé que tenía una relación saludable con la comida porque había perdido el miedo a comer y pensar que voy a engordar, pero la relación saludable va a mucho más: comer lo que mi cuerpo me pida. (Ojo, siempre que lo que mi cuerpo pida este dentro de la normalidad, que comer por ansiedad NO es normal).

Pero después de todo soy una persona que ha pasado un TCA y estoy siempre en riesgo de que por circunstancias de la vida pueda recaer, por lo que hay hábitos alimentarios que, por lo menos de momento, no puedo empezar. Para ser más concreta, llevar una dieta vegetariana. Es algo que siempre he querido hacer, desde pequeña, pre-TCA, por mis propios valores. Pero cuando hace unos meses consulte a mi psicóloga si podía, la respuesta fue simple: “la experiencia nunca ha sido buena”. Y aunque yo conozca casos de que haya salido bien, el miedo a recaer es mayor. Me han dado la opción de hacerlo en varios años cuando mi situación sea estable, pero implicaría ir a un nutricionista y psicólogo otra vez, y eso no me traería buenos recuerdos.

El tema del cuerpo también es delicado. En el tratamiento pasas de verte siempre gorda a aprender a amar tu cuerpo y apreciarlo tal y como es. Pero, sigo siendo humana, y puedo tener días malos, al igual que el resto de este planeta. Nunca antes podía decirle a nadie que hay algunos días que me puedo ver mal porque sé que eso les implicaría alarmarse más de la cuenta. Pero soy una chica de 19 años, que atraviesa un ciclo hormonal en el que en determinados momentos estoy más hinchada… Y al igual que para nadie esto es cómodo, para mí tampoco. Pero eso no implica que vaya a recaer o me vea gorda.

¿Pero sabéis cómo sé que mi relación con mi cuerpo es normal? Porque si tengo un día que me veo peor, no me limita en el día: no me cambio de ropa, no me miro más al espejo, no me quedó en casa… Hago mi vida normal.

Por lo general, siempre me veo muy bien y la verdad que estoy muy contenta con mi cuerpo. Pero me preocupa en el sentido de que sé que estos 2 últimos años post-tratamiento mi cuerpo ha cambiado a una forma que me gusta: se ha estilizado y también he adelgazado un poco. No ha pasado queriéndolo yo, simplemente mi metabolismo se ha adaptado y ha pasado de forma natural. ¿Habría estado igual de contenta con mi cuerpo si no hubiese cambiado? Es la única cuestión que me queda por el aire.


Simplemente quería recalcar eso, un tratamiento te enseña a comer bien y amar tu cuerpo, pero eres tú quien después lo normalizas en tu vida y eso te llevará el tiempo que te tenga que llevar. Yo pienso que ya hace tiempo que lo he conseguido, y fue tan fácil como irme fuera, que nadie conociese lo que antes había pasado, y adaptarme a lo que hacía el resto. Y creo que lo hago de una forma mucho más normal que mucha gente que no haya padecido TCAs antes. (Lo normalizadas que están las dietas para adelgazar en la sociedad ya es otro tema que implicaría otra entrada).

viernes, 16 de junio de 2017

El tiempo lo dirá

Un año hace de que decidí empezar a escribir este blog, y aunque lo hago menos de lo que querría, el apoyo que he recibido desde su comienzo es increíble. Gente que me se me ha acercado para pedir ayuda porque conoce a chicas que están pasando lo que yo pasé, gente que se me ha acercado personalmente o me ha escrito dándome las gracias por compartir mis vivencias y conocimientos, o simplemente la gente que me comenta y le da me gusta a las entradas cuando las comparto en Facebook. Todas esas personas me ayudáis a que quiera seguir sacando esto adelante, aunque las últimas entradas hayan perdido lectores.

Ya que ha pasado un año desde que lo empecé, quería reflexionar de todo lo que ha pasado en este último año, porque no ha sido poco. Ha sido un año raro, un verdadero camino en el que no sabía que venía por delante, sólo sabía que tenía que seguir caminando. Y puedo decir que estoy orgullosa de las decisiones que tomé para salir en un hoyo en el que caí, aunque a algunas personas algunas les parecieron un poco drásticas. Pero era uno de esos momentos en el que te tienes que centrar en ti mismo y decidir lo que a ti te parece que está bien y que te va a hacer feliz.

Mientras estaba en el hoyo me convertí en una persona "que resta": negativa a más no poder y transmitiéndole mis agobios a quién estuviese conmigo, pensando solo en mí misma, no dándome cuenta de lo que sucedía alrededor mía. Y aunque fuese todo completamente mi culpa, realmente no era mi intención; ir andando con una venda en los ojos hace que te pierdas en la oscuridad, y para quitarmr la venda tenía que alejarme de todo aquello que causó que me la tuviese que poner. Y eso hice.

Quitarse la venda da miedo, porque descubres todo lo que has descuidado y no podías ver mientras la llevabas puesta, pero era necesario para que yo pudiese continuar. Entonces intenté revertir mi negatividad a positividad, lo conseguí, pero el daño estaba hecho en algunos aspectos de mi vida. Me llevé palos muy grandes, pero sorpresa, como no tenía la venda puesta no me tiraron al suelo, me hicieron reflexionar y sacar el lado positivo de las cosas. Es curioso la cantidad de cosas que a simple vista encuentras negativas, pueden esconder un lado positivo.

Pero no me había perdido sólo en mí, sino en mi plan de vida. Había perdido la ilusión por un futuro que me había montado en no la mejor parte de mi vida y sin barajar los pros y contras. Lo único con lo que me motivaba era escribiendo en el blog y pensando que así podía leerme alguien a quien ayudarle. Entonces empezó el pensamiento recurrente de que podía llevar lo que hacía con el blog a mi futuro y cada vez era más atrayante. Después de muchos comederos de cabeza, pros y contras, un análisis muy complejo de mis motivos (vaya, muchas rayadas) llegué a una conclusión y estoy en el camino de empezar a cumplirla.

La vida es tan curiosa, porque decisiones que tomas que parecen lo mejor y seguras, resultan inadecuadas cuando evolucionas con los eventos que vives en la vida. Pero ninguna es un error, todo son decisiones tomadas en circunstancias diferentes, en diferentes "yo"s. La vida es así, llena de sorpresas. Agradables y desagradables. Las agradables son fáciles de aceptar, pero las desagradables se aceptan según nuestra capacidad de adaptarnos y sacar lo positivo de las cosas. Porque después de todo, no queremos personas que resten, sino que sumen.