martes, 20 de febrero de 2018

Quiero hacerlo todo, pero no hago nada

Llevo sin escribir en este blog desde el 11 de noviembre, desde esa fecha han pasado más de dos meses. No es que me haya olvidado del blog, de hecho, todo lo contrario, lleva remordiéndome la conciencia desde que no he vuelto a publicar. Tampoco podría decir que no he tenido tiempo o que no lo haya intentado: me he sentado con una idea en la cabeza delante de la pantalla del ordenador preparada para escribir... Y nada. No he sido capaz de escribir más que un mísero párrafo. Me siento completamente bloqueada. Incluso al entrar en Blogger me he encontrado con tres borradores como intentos fallidos de publicaciones. Esta situación me deja completamente incrédula ya que algo que siempre me he caracterizado es terminar todo lo que empiezo, cueste lo que cueste.

No me pasa sólo con escribir sino con la mayoría de cosas productivas que disfruto haciendo. Hace años que no devoro libros como solía hacer: uno detrás de otro, leyendo durante horas y horas prescindiendo de horas de sueño; ahora me cuesta incluso llegar a leer un libro al mes. Con la música si tengo "excusa", la guitarra y el piano los tengo en mi casa, pero tampoco he hecho ningún esfuerzo en traerme la guitarra a Madrid o pedir la llave de la sala de música de mi residencia, que curiosamente tiene un piano.

¿Y qué hago en lugar de todas esas actividades? Es verdad que la universidad quita mucho tiempo, pero no todo. La mayor parte del tiempo que podría estar haciendo cosas que, a parte de gustarme, me benefician, me encuentro actualizando Twitter constantemente, viendo vídeos de Youtube chorra que ya he visto múltiples veces, tragándome temporadas de series en una tarde... Descanso, pero no acabo satisfecha. Sería un tema muy diferente si no me viese con ganas de hacer ninguna otra cosa, pero es que las ganas están, lo que parece que me falta es la motivación.

Este descenso de motivación lo empecé a notar al empezar la universidad, y lo he comentado con más personas a las que parece que les ha pasado algo parecido a mí. Lo que me pregunto es si es la carga de trabajo agotadora que aguantamos el estudiantado lo que nos hace optar por realizar tareas que no nos suponen ninguna carga mental. Para yo ponerme a leer tengo que estar concentrada, pero para ver un video trivial en Youtube no tanto. Ya ni contar el esfuerzo que tengo que dedicar a escribir o aprender a tocar una nueva canción en un instrumento. 

Pero este nulo interés en no hacer nada, a veces cambia radicalmente por un periodo corto de tiempo, incluso solo un par de días. Escribo cinco publicaciones en un día, me tiró 5 horas tocando el piano o la guitarra: me viene la inspiración. Pero tan pronto como viene, se va. Es una sensación muy frustrante, porque sé que soy capaz de hacer todas esas cosas, pero nuevamente estoy bloqueada. ¿Cómo se consigue ser constante? En serio, ¿hay alguna fórmula secreta para eso?

Esto me preocupa especialmente con este blog. Pocas personas saben que, a parte de iniciar este blog para compartir mis experiencias y tratar de ayudar a otras personas, lo inicié porque adoro escribir, y quería mantener este hábito de alguna forma. Adoro escribir desde muy pequeña, recuerdo sentarme delante del ordenador con siete años a escribir cuentos y fantasear con ser escritora cuando fuese mayor. Siempre tuve diarios en los que escribía para expresar mis sentimientos, porque no era capaz de expresarlos vocalmente. Incluso tuve una época en la que escribía fanfics on-line y me gratificaba ver que había personas que me pedían que siguiese escribiendo. Aún hoy está en mi bucket list escribir un libro, ya sea para mí o publicarlo (nunca está mal ponerse metas altas), ¿pero como lo voy a hacer si ha pasado de ser algo que disfrute haciendo a una culpabilidad?

Mantengo una pequeña chispa de esperanza en que este esfuerzo sobrehumano que estoy haciendo para escribir esta publicación sirva como detonante para que pare este bloqueo mental. En diciembre quería publicar "20 cosas que aprendí con 20 años", ahora tendrá que esperar a los 21. Al acabar exámenes quería reflexionar sobre la creciente ansiedad que se tiene ante tareas que no son de vida o muerte, a estas alturas la época de exámenes pasada queda lejos. Ahora tengo una idea en mente relacionada con un trabajo que hice el cuatrimestre pasado sobre mujeres en la Historia de la Psicología y relacionarlo con la actualidad, pero me da miedo escribir sobre un tema tan formal al que no estoy habituada, así que es probable que se quede en el plumero.

¿Os ha pasado esto? ¿Os ha resultado muy familiar u os suena a chino? ¿O puede que le hayáis encontrado solución? Esto no son preguntas retóricas, comentadme aquí o por redes sociales, o hasta incluso en persona. Estaré encantada de oíros o leeros y más si me ayuda a salir de este bucle de improductividad y sensación de culpabilidad en el que llevo meses metida.

Gracias por leerme.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Deconstruirse no es fácil

Deconstruirse del rol que te ha dado la sociedad desde que naces no es fácil, incluso cuando formas parte de la parte que está oprimida.

Las primeras películas que miras te enseñan a esperar la llegada de un príncipe azul. Claro, a esperar, que más ibas a hacer. Ese único príncipe azul que va a ser tu media naranja, una media naranja que te complete. Y todo eso se traslada a la creencia general de la sociedad de que una mujer que no se casa ni tiene hijos ha fracasado. Nadie se le ocurre pensar que tenía otras prioridades y metas en la vida a otros niveles.  Pero durante siglos hemos sido "la mujeres de" y las que traen los hijos a las familias. Por mucho que eso este cambiando, el estigma que rodea a las mujeres que se sale de la norma sigue.
Y aunque una mujer sí tenga esas prioridades en la vida, nunca va a ser encontrar una media naranja. Porque nosotras ya somos naranjas completas. Lo que buscamos son personas que nos complementen y acompañen, personas que quieran participar en que cumplamos nuestras metas.

Me pregunto si gran parte de mi personalidad se ha debido a la influencia de este sistema. Si mis inseguridades y timidez se deben a que nos han enseñado a las mujeres a callar y replantearnos miles de veces lo que vayamos a decir, no vaya a ser que nos equivoquemos. Si mi perfeccionismo viene de esta idea de que no puedo fallar, que tengo que demostrar lo mejor de mí para que si tuviera algún fallo no se atribuyera a mi género. Si durante años sufrí por mi aspecto, mi cuerpo, mi peso... sufrí un TCA, cuya proporción es 9/2 mujeres/hombres; si hubiese nacido hombre hubiese tenido casi 5 veces menos de probabilidad de haberlo sufrido, porque nunca se me habría juzgado por mi talla y medidas.

Aún hoy, en las aulas veo lo que he descubierto que se llama el efecto tijera. En mi clase somos 80% chicas y 20% chicos; pero a nivel de cátedra los porcentajes se invierten. En la asignatura de Historia no han nombrado a ninguna mujer psicóloga, y no es que no las hubiera, pero la mayoría firmaba sus trabajos con el apellido del marido o firmaba su compañero; ¿quién publicaría el trabajo de una mujer? Y aún hoy siguen publicando menos mujeres. ¿Y esa brecha salarial teóricamente inexistente? Pues desde hace dos días y hasta final de años las mujeres hemos dejado de cobrar por el trabajo que hacemos.

Podría seguir explayándome. Dejar atrás las injusticias y hablar del miedo. El miedo que se siente al ir sola por la calle donde te acosan y lo justifican con que son "piropeos". Que aprovechen para tocar donde no se debe en una fiesta, justificarlo con que había mucha gente y no sabían donde poner las manos. Que lleguen a violar y lo justifiquen con que estabas borracha y no dijiste claramente que no; porque la falta de sí se sigue sin considerar rechazo. O que violen y justifiquen con que ellos eran los que estaban borrachos y no sabían lo que hacían.

O ese "romanticismo". Parejas que controlan porque sienten celos. "Hay que romántico, está celoso porque te quiere". Y esos celos se convierten en cargos de conciencia, insultos, en golpes y en muerte. ¡Qué bonito pintan ese amor romántico!

Y aunque yo sola todas estas cosas no pueda cambiar, hago pequeños cambios, añado mi pequeño grano de arena, para que al menos mi círculo sea menos machista. Aunque muchas veces mis llamadas de atención hacia otros vayan seguidos de "loca feminazi". Pero después de tantos años callando, alzar la voz y ser considerada loca, no me afecta en absoluto.



Esta entrada la he escrito sin pensar, y no voy a volver atrás para reeditarla. Trato muchos temas con los que podría escribir infinidad de entradas. Pero a veces una simplemente necesita desahogarse y escribir lo primero que le venga a la mente.

martes, 10 de octubre de 2017

Día Mundial de la Salud Mental '17

Tengo mil cosas que hacer, pero prefiero posponer algunas de ellas y escribir esta entrada antes. Es una especie de símil, porque mucha gente, ante el estrés del trabajo y el estudio, antepone estos y deja su salud mental atrás. Y ese es el primer fallo, ante cuál se forma una bola en el que más tarde estarás en medio preguntándote: ¿dónde empezó todo para que yo acabase así? Todo empieza cuando dejas de cuidarte.

Ante las demandas crecientes de la sociedad en el ámbito escolar y de trabajo, no es usual encontrarnos con multitud de personas que sufran ansiedad/estrés. Pero que algo sea usual no quiere decir que sea normal. Que algo sea usual no quiere decir que necesite menos cuidado que otros problemas. Por muy pequeñas que sean una preocupaciones, siguen siendo unas preocupaciones. Y merecemos sentirnos nosotros al 100%.

Me podría incluso sentir culpable escribiendo esto porque deberían darme un máster en no-autocuidado. He dejado de hacer cosas en mi vida básicas por cosas muy poco importantes en comparación. Pero he aprendido, no sin antes darme de bruces contra el suelo, pero he aprendido una serie de cosas que me sirven para no caer y las quiero compartir aquí.

1) Establece una rutina. Parece una chorrada, pero tener una rutina evita agobios cuando hay poco tiempo. En especial, si ante estrés se sufre de insomnio, tener una rutina pre-dormir ayuda mucho a preparar el cuerpo para descansar. Estudiar y trabajar justo antes de dormir no ayudará nada.

2) Identifica signos ante los que preocuparse. Saber con que pequeñas cosas estás llenando el vaso es imprescindible para que ese vaso no rebase. 

3) A parte de cuidarte a ti, cuida a tus amistades. Cuando uno está mal se suele encerrar en una burbuja de malestar, y se olvida que hay vida más allá de la burbuja. Tus amistades tirarán de ti cuando estás mal, pero no eternamente. Igual de importante es agradecer que estén a tu lado, aunque sean tus amigos y esperes eso de ellos, no es su obligación.

4) Habla de tus problemas, pero no satures a nadie. Poder expresarse y desahogarse es clave, pero la negatividad se transmite, si estás siempre llorando y quejando vas a empezar a agobiar a otras personas.

5) Pide ayuda externa si tu círculo cercano no te la brinda. Hay veces que a tus personas cercanas les sobrepasa la situación en la que te encuentras, porque ellos no son capaces de manejarla, tienen sus problema y/o has llegado a un límite. Pedir ayuda a un psicólogo o psicoterapeuta puede ser adecuado en ese momento.

6) Una vez que superes el bache, disfruta, pero nunca olvides. Eso no quiere decir que estés siempre alerta, porque eso podría ser contraproducente. Pero sentarte y reflexionar de vez en cuando sobre donde te encuentras en tu camino es esencial para evitar recaídas.

Ante todo, no olvides que la salud mental es básica y necesaria en todo el mundo, haya podido tener en ella problemas antes o no. Todos en algún momento de nuestra vida podemos sufrir emocionalmente, y no pasa nada: solo hay que aprender a manejarlo para que todo vuelva a la normalidad.




martes, 3 de octubre de 2017

Carta para ti, ¿o para mí?

Seguramente no leas esto, ni si quiera sé porque quiero hacerlo público. Pero hay veces que me quiero desahogar, y aquí es donde suelo hacerlo. 

Antes pensaba que valía la pena. Valía la pena ser insegura, valía la pena sentirme culpable, valía la pena sufrir 6 días por estar uno bien. Pero no lo merecía. ¿Y si es mi culpa ser tan insegura? ¿Y si todo esto se lo está inventando mi cerebro? Pero nunca era así. Nunca eran imaginaciones mías. Nunca lo fueron.

Me mentías, y yo lo perdonaba, "lo hacia para protegerme" me decía, pff, que ilusa. Sí, eran "tonterías", pero uno puede construir una montaña de un grano de arena; al igual que tus "mentirijillas" acabaron siendo una gran mentira. Sólo has conseguido que me cuestione cualquier cosa que me llegaste a contar.

¿Perder a la persona o perder el orgullo? Mi mente decía lo segundo para justificar las veces que acabé yo detrás de ti. Solo cuando pude salir del romanticismo idealizado me di cuenta que nadie merece ir detrás de alguien que supuestamente merece la pena. Si mereciera la pena, no estarías detrás, estarías a su lado.

Tienes la culpa en muchas cosas, pero obviamente no en todas. La gran culpa la tiene la sociedad, que enseña desde pequeñas a las chicas que luchar por una persona siempre vale la pena, cuando el amor no debería ser difícil. Que eres suficientemente especial para cambiar a una persona, y eso nunca se cumple. Cuando lo primero que debería hacer es enseñar que idealizar a una persona te va a acabar matando. El amor no surge de la nada. El amor se construye entre las personas implicadas. Y no es como alguna vez me dijeron: "hay veces que alguien tiene que dar más si las cosas no funcionan". Nunca, si las cosas no funcionan, no funcionan.

¿Por qué escribo esto ahora? Podría haberlo escrito hace un mes, tenía la misma opinión. Pero ayer me di cuenta de un detalle, detalle por el cual llegaste al límite del patetismo e inmadurez. Paso tras paso mereces menos la pena. Gracias, me lo dejas todo más fácil. Eres tú el que se lo pierde.

Pero esta carta no va para ti, porque sé que no la leerás. Es una carta para mí. Por confiar en lo mejor de las personas, aunque eso me haga llevarme palos uno detrás de otro. Por ser fuerte y aguantar más de lo que merecía la pena. Porque ahora ya no voy a ser tonta, he aprendido, aunque haya tardado. No he perdido la fe en el amor, creo en el amor. Pero no en el amor romántico que busca la sociedad que tengamos. No en el amor tóxico.

Esta carta va para mí, porque me encanta donde estoy, desde que me he dado cuenta que no te necesito. Todo el amor que estuve dispuesta a dar va a ir dirigido a otra persona, yo. Porque me lo merezco.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Sí, soy introvertida

Y no, eso no significa que no me guste estar con gente.

Hay una concepción tan estereotipada de la introversión que sólo de leer esa palabra habrás pensado en una persona solitaria y friki, el típico ratón de biblioteca. Nada más alejado de la realidad, ser introvertido simplemente significa que esa persona centra su concentración e interés en su mundo interno, y no tanto en el mundo externo, como haría una persona extrovertida.

La mejor forma de explicarlo es compararnos con pilas. Tanto las personas extrovertidas como introvertidas gastan su energía y necesitan recargarla, pero lo hacen en situaciones opuestas. Mientras que una persona introvertida gasta su energía cuando socializa en grandes multitudes, una persona extrovertida la gana. De igual modo, una persona introvertida recargará su energía pasando tiempo consigo misma, y la persona extrovertida la gastará.

Pero que una persona introvertida gaste su energía socializando, no implica que no le guste socializar, simplemente es una situación de la que tendrá que recuperarse luego. Además, no existe la introversión/extraversión absoluta, cada uno de nosotros estará en una escala más cerca o más lejos de la introversión/extraversión considerándose introvertido, extrovertido o el "nuevo" término ambivertido, que no tiene nada de nuevo, simplemente es ponerle nombre a una persona que considera que se ve características de introversión y extraversión, básicamente estar por la mitad de la escala.

Los estereotipos de los introvertidos vienen dados porque la introversión se asocia con la timidez, con ser solitario, frío... Y es cierto que las personas introvertidas tenderán a ser más tímidas, pero no lo implica. En mi caso se cumple el caso, pero existen personas introvertidas que no tienen ningún problema de comunicarse con gente nueva. Igual que sería un error asumir que todas las personas extrovertidas son, por poner un ejemplo, simpáticas sólo por el hecho de ser más abiertas. 

Los estereotipos no tienen sentido por el simple hecho de que todos tenemos los mismos rasgos en nuestra personalidad, pero en mayor o menor escala. Nadie es sociable ni solitario al 100%. Yo puedo decir que soy extrovertida, sí, pero al 25%. Categorizar a las personas por solo un rasgo de la personalidad y asumir el resto sigue siendo un problema grande.

Siempre me sentí poco identificada con como se describía a los introvertidos por mucho que sentía que socializar, sobre todo con personas desconocidas, me drenase la energía, hasta que me vi completa por mis rasgos y no solo por uno. Y paso de una forma muy curiosa. Hay un test de las 16 personalidades en Internet (gratuito) que dio el clavo conmigo. Y desde ese momento me entiendo mucho mejor.

Y ahora sé que soy introvertida. Pero eso no implica que sea fría, borde u odie a la gente.


martes, 5 de septiembre de 2017

Septiembre

Enero suele ser considerado como el mes de los comienzos: "nuevo año, nueva vida". De ahí vienen las famosos propósitos de año nuevo, que siempre consideraré una chorrada porque si quieres de verdad lograr algo empiezas ahora, si no quieres empezar ya, no tienes el suficiente interés. Además, el paso de diciembre a enero para un estudiante, sólo significa que los exámenes se acercan, el curso sigue, ni siquiera hay cambio de un cuatrimestre a otro.

Pero sí considero septiembre un mes para hacer cambios, pero no de la forma que se hacen los "propósitos de año nuevo", si no objetivos establecidos por reflexionar. Porque para mí el verano es un momento de reflexión: como ha sido el curso, como he sido yo durante el curso, de qué gente me he rodeado, si llevo el camino correcto; pero también el momento de establecer objetivos para sentirme llena como persona, vaya, por muy "ñoño" que suene, llevar el camino que me haga feliz.

Este verano en concreto he reflexionado mucho, igual que lo hice hace dos años. Hace dos años, había acabado Bachillerato y me mudaba a Madrid para estudiar una carrera que ahora he dejado, era la primera vez en año y medio que no tendría seguimiento semanal de mi tratamiento de anorexia. Tenía que hacer nuevos amigos, conocer una ciudad nueva completamente diferente para mí y adaptarme a una situación desconocida, y yo le tengo pánico a la situaciones desconocidas.

Tenía mucho miedo, pero también mucha ilusión. Durante ese año me decepcionaron muchas personas, lo cuál me hizo madurar y necesitar un cambio de aires. Entonces me forcé a empezar una nueva vida y conseguí adaptarme. Pero falló algo, y es que cuando todo parecía perfecto, un camino de rosas, me acabé pinchando y volviendo a la realidad. 

Eso hizo que el año pasado fuese un desastre. Descuidé mi salud mental, y no, no estuve mal con la comida, pero dejémoslo en que estuve mal. Ese estado hizo que personas se alejaran, otras personas me decepcionaron, y tuve una fuerte crisis existencial y respecto a mi futuro en la cuál tomé una decisión que no dejó contentas a personas cercanas a mí. Pero a veces hay que mirar por uno mismo antes que por el resto.

Y me hallo en una situación muy parecida a hace dos años. Vuelvo a mi ciudad, Madrid, pero a una carrera nueva en la que tendré que conocer nuevas personas y adaptarme. Aunque he vuelto a madurar y de la mejor forma, porque cuando caes, ya sólo se puede uno levantar. Al igual que no voy a cometer el error de alejar a personas de mi vida por mis problemas, no voy a "arrastrarme" detrás de personas que no me necesitan. Me he establecido objetivos no sólo para este año, sino de vida, objetivos que me llenen a mí, y no a personas que antes quería complacer.

Me gustaría decir que esta vez no tengo miedo y sólo tengo ilusión. Pero sigue habiendo miedo, aunque la ilusión gane. Y cuando la ilusión gana, el miedo apenas te frena. Sí, volveré a tener errores, pero no me dan miedo. De los errores se aprende y maduran. Y ahora que me he establecido un camino fuerte y seguro, cuando haya caídas, estas no van a doler tanto.


domingo, 27 de agosto de 2017

El miedo a estar solo

¿Qué significa realmente estar solo? ¿Y por qué nos da tanto miedo? No considero que el miedo de estar solo venga de la idea de estar literalmente solo, ya que es una situación prácticamente imposible. Siempre tendremos algún amigo; si no es amigo, familiar; si no es familiar, vecino; si no es vecino; conocido... Incluso los desconocidos que nos rodean al andar por la calle. Estar solo literalmente es algo difícil. 

Yo tengo un miedo tremendo a quedarme sola, pero las veces que he considerado estar sola (y lo he pasado mal con ello), he descubierto que realmente eran dos miedos diferentes, pero ligados a la vez: el miedo al abandono y el miedo a quedarme sola conmigo misma.

Solemos tener una forma muy curiosa de reaccionar ante el abandono por personas que considerábamos especiales y parte de nuestra vida: echarnos la culpa y despreciarnos, considerar que no somos suficientes para esa persona. Lo cuál no solo afecta en el momento de ver personas marchar de tu vida, sino en el momento de tratar de hacer nuevas conexiones con personas nuevas. Hay una vocecita detrás diciendo: ¿si el anterior te abandono, por qué no lo hará este?

Ante el abandono hay muchas personas que eligen llenar ese vacío con otras personas desde el primer día, personas con las que no puede haber ni de cerca la conexión que se tenía con otras personas, por eso, ese vacío se llena temporalmente. En algún momento tiene que llegar el momento de sentirse solo porque faltan esas personas con las que contabas para todo.

Y ese momento de quedarse solo contigo mismo da miedo, da miedo aceptar una pérdida, da miedo quedarse con todos los sentimientos que provoca una pérdida, da miedo negarlo, da miedo enfadarse, da miedo llorar y estar triste. Pero es un momento clave, porque una vez nos permitimos sentir, podemos a pasar a reflexionar.

Cuando somos capaces de reflexionar nos damos cuenta de por qué pasó, que aunque tuvimos parte de culpa, fue cosa de los dos; que aunque antes se podría haber arreglado, ya es demasiado tarde; que perder esa conexión no va a solucionarse con otra persona, esa conexión sanará y nos nos hará falta: las futuras personas que lleguen crearán nuevas conexiones, fruto de esa nueva relación, pero en ningún momento sustituirán la pérdida, porque nadie tiene que sustituir a nadie.

Entonces te das cuenta que realmente no hay ninguna persona que necesites, la vida enseña que la mayoría de personas son pasajeras, no porque todas te abandonen o tú abandones, simplemente hay personas que siguen diferentes caminos, aunque algunas pueden quedarse para siempre. Lo más importante es saber que tú eres una persona plena por ti mismo, perder una persona no va a hacer que pierdas un cachito de ti, simplemente ese cachito de persona no va a formar parte más de ti que en el recuerdo, y depende de que tipo de relación fuese, puede ser un cachito que incluso se olvide. 

Una vez comprendemos eso, somos capaces de seguir creando conexiones con otras personas, pero nunca por sustituir, sino por encontrar personas que nos acompañen en nuestro camino.