domingo, 29 de enero de 2017

Crisis existencial y cambios

Hace justamente una semana había escrito esta entrada y la tenía planeada para publicarla hoy. Pero nada más empezar a leerla vi que no era lo mismo escribirla una semana atrás que ahora. ¿Cómo puede cambiar algo tanto en tan sólo una semana? Me toca escribir una larga explicación.

Mañana, primer día del segundo cuatrimestre, me voy a desmatricular de cuatro asignaturas de seis que tengo, quedándome con las que se consideran más fáciles, pero también las más clínicas. Tengo una voz diciéndome que nadie se esperaría eso de mí; pero nadie se esperaría eso de nadie sin ningún contexto, y mi contexto es más complejo de lo que voy a poder explicar en una simple entrada de blog, pero quiero intentarlo.

Remontémonos a diciembre, exámenes, y en concreto examen de la asignatura más difícil y amplia del cuatrimestre. Días antes estaba muy nerviosa, pero vaya, como el resto del mundo. Hice el examen, salí medianamente esperanzada de que podía aprobar. Pasaron varias horas, y exploté. Fue algo tan repentino, pero lo sentí repentino en el momento; ese examen fue el último grano de arena que faltaba para que sucediese algo que tenía que pasar tarde o temprano. Pero antes de entrar en mi crisis existencial tardía, hay otro factor que influyó mucho: mi exigencia.

¿Cómo resumo mi exigencia en una simple entrada de blog cuando mi relación con la exigencia existe desde que soy consciente y podría escribir un libro entero? Pf... Mi exigencia es mi gran enemiga. Tener exigencia es positivo ya que te suele permitir llegar a lo más alto, pero cuando esta supera una línea, hay un problema. La exigencia me hizo en el pasado callarme para no decir lo equivocado, no levantar la mano en clase para no preguntar algo que fuese estúpido, no ir de compras sola para comprar algo que fuese juzgado, llevar mis estudios al máximo y no conformarme con ninguna nota que sacase aunque esta fuese buena, odiar mi físico, pensar que nadie nunca iba a quererme por quien yo era y que yo nunca sería realmente yo... Claramente, la mayoría de eso lo superé y la gente que me ha conocido en Madrid me ha conocido como soy y no lo que intenté ser. Cualquier persona que me conoció en aquel entonces, no me conoce.

Pero la exigencia sigue presente en los estudios, y haga lo que haga parece no querer irse. Remontémonos a principio de curso y como misteriosamente empecé a tener ataques de ansiedad, y no estudiando, sino cuando salía o hacia algo divertido. Estos desaparecieron en octubre y no volvieron a aparecer. Pero en diciembre empecé a tener más ansiedad de la cuenta, obviamente por los exámenes. ¿Pero que fue lo de principio de curso? No lo entendí hasta ahora. Mi exigencia me da ansiedad cuando no se siente satisfecha; y si os he dicho que mi exigencia solo esta presente en los estudios, ¿qué me faltaba a principios de curso? Estudiar constantemente. Era época de novatadas, y es muy triste que no pude disfrutarla porque me sentía culpable de no estar estudiando; aunque no fuese consciente de ello. Cuando en octubre todo empezó más en serio la ansiedad desapareció, por el hecho de que no paraba de satisfacer mi exigencia, dejé mi vida atrás por estudiar.

De momento esto suena mucho como algo que le pasa a alguien que estudia Medicina, ¿en qué soy yo diferente? Soy diferente porque no aprovecho los momentos de disfrute, no me permito alejarme de los estudios, aunque pueda desconectar, siempre hay una mínima parte que me hace sentir culpable. Mi ansiedad en exámenes también es patológica, todos tenemos nervios ante exámenes, pero yo cuando estudio a días de exámenes estoy tensa constantemente, tengo taquicardia, no duermo (y no por estudiar sino por insomnio)... Mi salud mental afecta a mi salud física, y realmente he llegado a encontrarme muy mal.

Esta es una de las partes por las que tomo mi decisión, no me veo capaz de soportar un cuatrimestre aún más complicado que el anterior y salir sana de él. He tenido las Navidades de por medio en exámenes para volver a la “normalidad”, esta vez no lo voy a tener y realmente tengo miedo de llegar a tocar fondo. Necesito trabajar una relación sana con mi exigencia y tener más recursos para sobrellevar la ansiedad, porque obviamente no lo he conseguido.

Parece lógico que una forma de luchar contra la exigencia sea tenerla presente, por lo que puede parecer que mi decisión en ese sentido no sea adecuada. Pero lo es. Mi exigencia no me permitiría desmatricularme de asignaturas y perder el control, dejar de tener una rutina fija y levantarme cada día con mil posibilidades de qué hacer ese día y tener que elegir. Mañana voy a pasarlo mal teniendo que decir en alto en administración y hacerlo todo oficial. Pero será la primera patada que le de a la exigencia.

Y ahora esta la otra parte de esta decisión que dejé atrás para explicar mi exigencia, mi crisis existencial que me hizo explotar ese día. Todos han dudado antes de elegir una carrera, sobre todo los que hayan elegido Medicina sabiendo la fama de dura que tiene. Hay gente que no ha dudado pero porque la decisión esta tomada desde un suceso en su vida o desde unos valores que siguen. Pero yo nunca dudé, en concreto con 12 años decidí que quería estudiar Medicina y no volví a planteármelo. Repito, no volví a planteármelo. Nunca vi eso como una locura, hasta este preciso momento. Con 12 años, por algo que parecía que me podía interesar, tomé una decisión de la que dependería mi futuro y la dejé allí.

Cuando hay a gente que le he dicho que me estoy replanteando estudiar Medicina, lo primero que se me dice es: “pero si a ti te gusta”. Sí, me gusta, y siempre nos dicen que estudiemos lo que nos gusta. Pero me he dado cuenta que eso es importante, pero no el factor clave, habría que decir: ¿te gusta y te ves haciéndolo? En estos momentos, cuando pienso en seguir con la carrera pienso en tener que estudiar igual los 5 años que me quedan, estudiar para el MIR, hacer la residencia, trabajar... Me agobio. Siento que me falta algo, que no estoy aprovechando mi vida, que estoy perdiendo cosas que nunca voy a recuperar... La pregunta que me viene es, ¿vale la pena? ¿Vale la pena pasarlo mal por mi ansiedad y exigencia de esa forma? ¿Vale la pena perderme cosas por ser médico?

Si descubro que es lo que me apasiona y va a hacer que mi vida sea plena y yo me sienta bien con ella, entonces sí, el esfuerzo si valdría la pena. Pero ahora no estoy segura, no estoy segura de lo que quiero, y antes de tomar una decisión desde mi parte subjetiva que se ha decepcionado con la carrera por lo mal que me lo está haciendo pasar, quiero pensar de forma objetiva y analizar tanto el quedarme, como cambiarme a otra opción.

Tengo que vivir, vivir para descubrir que me apasiona. Ver si echo de menos la Medicina o ver si mi otra opción me apasionaría también, y además me permitiría vivir el día a día más de lo que estoy haciéndolo, porque siento que me falta vivir y me falta vivir para sentirme bien.

Este medio año en el que voy a tener menos ocupaciones, no quiero que la gente piense que voy a estar encerrada en mi cuarto viendo series. Voy a vivir. Vivir descubriendo cosas que me gusta, haciendo cosas que dejé por estudiar, descubrir Madrid, apuntarme a cursos o voluntariados o cualquier cosa que se me ocurra. Pero no quiero permitirme vivir una rutina. Si hago esto, es porque ahora puedo hacerlo, y poca gente se lo permite, y tengo que aprovecharlo. Es un tiempo conmigo misma. De descubrimiento. Voy a tener miedo, pasarlo mal, pero haga la decisión que haga, no va a ser un tiempo perdido.

Resumiendo, he tomado esta decisión desde poner mi salud antes que los estudios, de, desafiar mi exigencia, de replantearme una decisión sobre mi futuro que tuve que hacer en Bachiller y nunca llegué a hacerlo y de permitirme vivir, lo cual no he hecho en mucho tiempo (la entrada sería muy larga si explicase además porque llevo tiempo sin permitirme vivir, pero creo que podéis imaginarlo).

Mi blog puede que tome otro camino. Obviamente lo voy a recuperar y voy a escribir mucho más regularmente. Pero no voy a escribir solo entradas de superación de mi trastorno alimentario, sino mis vivencias y sentimientos con esta decisión y los cambios que voy a dar. No sé si eso le servirá a alguien más que a mi misma, pero lo haré aún así.



jueves, 6 de octubre de 2016

Pero si es una tontería...

Hace tiempo que no escribo. En parte por falta de tiempo, en parte porque me sentía sin ganas. No escribo desde verano, y desde verano me he venido a Madrid, he empezado un curso nuevo, he vuelto a ver a gente que no veía en tres meses, he conocido a mucha gente… Muchos cambios que han hecho que mi nivel de ansiedad se eleve por encima del normal.

La ansiedad… Algo que sufre tanta gente pero pocos hablan. Será por esa frase que va seguida muchas veces de cuando expresamos lo que sentimos: ¿por qué estás así si es una tontería? Te sientes juzgado, incomprendido, sólo… Y eso no ayuda mucho, que digamos.

¿Y cómo es la ansiedad cuando ataca? Un barullo de pensamientos que empiezan desde algo muy simple, pero se convierte en un huracán que no para de dar vueltas y vueltas, cada vez más rápido y más fuerte. Hasta que te deja caer. A veces es un dolor en el pecho, como si te estuviese doliendo el corazón; otras veces un nudo en la garganta, por todo lo que no pudiste decir…

“¿Por qué no has salido? Todo el mundo ha salido. Estás sola. Si no sales la gente no te conocerá. Pero si sales lo pasarás mal porque no conoces gente. ¿Por qué eres rara y te cuesta socializar? ¿Por qué no eres sociable como el resto de tus amigos? Tus amigos te dejarán por otros porque no sales con ellos. Te aislas. Estás sola. No le importas a nadie. No intentas nada. Eres una fracasada. Mírate, llorando en la cama y los demás divirtiéndose. Vete a dormir llorando. Te lo mereces”.

Lo curioso es despertarse al día siguiente y verlo todo desde una nueva perspectiva. No fue para tanto. No salí porque estaba cansada y al día siguiente no quería faltar a clase. Mis amigos siguen aquí, voy a estar con ellos hoy. Sigo siendo yo. Ayer mi ansiedad me ganó. Pero hoy le gano yo.


Si os encontráis con alguien en esta situación. No menospreciéis su dolor, puede haber empezado por una “tontería”, pero les ha desencadenado algo que les ha llevado a estar en ese estado. Hay un vídeo que da consejos sobre como se siente esa persona. Pienso que acierta en todo.


sábado, 17 de septiembre de 2016

Lo que no es y lo que sí es un TCA

Un TCA no se basa en una serie de cuerpos concretos,
Un TCA se basa en una serie de pensamientos concretos.

Un TCA no implica vomitar, restringir, ayunar;
Un TCA implica tener una obsesión con la comida.

Una persona con TCA no siente que tiene un control de su vida;
Una persona con TCA siente que, al menos, controla la comida.

Un TCA no es culpa de la persona que lo sufre, ni de sus familiares;
Un TCA es culpa de una serie de circunstancias en la vida de la persona que lo sufre.

Una persona con TCA no quiere mantenerse en él;
Una persona con TCA lo mantiene porque le sirve como vía de escape.

Una persona con TCA no es egoísta;
Lo que es egoísta es su TCA.

Un TCA no se supera simplemente comiendo;
Un TCA se supera resolviendo lo que llevo a él.

Una persona con TCA no puede salir de allí sola;

Una persona con TCA necesita tu ayuda.

jueves, 25 de agosto de 2016

Querida yo a los 16:

Querida yo a los 16:

Vuelves a estar tumbada en la cama, con la mirada perdida, pensando en cuándo puede acabar este infierno. Deseas poder dormir, que esta tortura mental pare al menos un par de horas, pero no eres capaz de quedarte dormida. Pero tampoco de realmente hacer nada, así que simplemente est´as tumbada, tú y tu huracán de pensamientos, creando el mayor desastre.

Coges la mínima fuerza que parece quedarte para levantarte de la cama y te plantas delante del espejo para examinar cada centímetro de tu cuerpo detenidamente. Tus ojos han perdido su típico brillo, solo queda una mirada opaca, inexpresiva, triste. Palidez enfermiza que destaca aún más los moretones bajo los ojos que por más maquillaje que utilices no consigues tapar. Clavícula demasiado definida que llega a tus huesudos hombros. Brazos y piernas minúsculas. Ninguna curva. Una chica de 16 años encerrada en el cuerpo de una de 11. Pero tú no te das cuenta. Sigues fijándote en la grasa que queda en cualquier parte de tu cuerpo. "Si se puede palpar, es que puede irse". 

Sientes tantas cosas al mirarte en el espejo. Quieres gritar, llorar, darle un golpe, arañarlo, romperlo hasta que se haga añicos... Pero no puedes, es como si tu cuerpo fuese controlado por un fantasma y tu alma no pudiera hacer nada con él. Los sentimientos van quedando encerrados cada vez más en un lugar más remoto de tu corazón, se va a necesitar más de un intento para llegar a ellos en un futuro. 

Recuerdas los sucesos del día. Tu tarea fue escribir una carta a tu yo de dentro de unos años. Hiciste lo que se supone que tenías que hacer: escribir que esperas verte ya bien, que has cogido el control de tu vida y que eres feliz. ¿Pero te lo creías? Era más fácil escribir eso que pensar en dónde estarías en unos años, porque por más que intentases imaginar no veías más que oscuridad, y eso te asustaba. 

Curioso que ahora tu yo de dentro de dos (casi tres) años te escriba. Ese yo que no podías imaginar existe, y se acuerda de ti. Te va a tocar ser fuerte.

Llegará un día en el que cambies de chip. Sí, suena raro, pero sucederá de un día para otro. Pensarás en que puede que haya una alternativa a lo que estás "viviendo". Que tu cuerpo respire no significa que estés viviendo, ya que tendrías que sentir y no lo haces, pero te ofrecerán la oportunidad de encontrarte. Sacar a la chica presa de su propio cuerpo y devolverla a donde siempre debería haber estado. 

No será fácil. Pero poco a poco irás logrando metas. Poder reír a carcajadas. Recuperar las ganas de salir con amigos. Disfrutar de una comida. Pasar de largo un espejo sin parar a mirarte. No saber tu peso y que teigual. Que un fallo no te define. Eso que alguna vez dijiste que estuvo mal, ya hace tiempo que no lo recuerda nadie más que tu traicionera memoria. Porque te darás cuenta de lo que realmente importante y, en menos tiempo del que piensas, serás yo. 

No vivir no está permitido. Date la oportunidad de disfrutar y descubrir. Puede que se te dé mejor de lo que imaginas. Y lo más importante, da igual las veces que te tropieces, siempre mantén la mirada hacia delante.




martes, 26 de julio de 2016

Aceptamos el amor que creemos merecer

Esa frase es la que nos llamó a todos la atención en la película “Las ventajas de ser un marginado”, pero yo no la llegué a entender hasta mucho más tarde.

He visto personas en relaciones tóxicas, conscientes de ello pero sin salir del allí, como si estuviesen adictos al “dolor” que esta le producía. He visto personas dejando a las personas que más les amaba en el mundo sin dar explicación, de un día para otro. Me he sentido impotente, he querido gritarles: “¿pero no te das cuenta? ¿No te das cuenta que estás cometiendo un error?” Pero luego lo comprendí.

Por muy masoquista que parezca tu amigo/a que acaba volviendo una y otra vez con esa persona que le hace daño, puede que piense que lo merece, que merece el dolor, o puede que piense que no vaya a encontrar a otro, otro que le dé amor. Porque después de todo, tememos estar solos, tememos el abandono, tememos nunca volver a recibir el cariño que una vez recibimos.

Sí, incluso esa chica a la que van catalogando de “puta” o “guarra” por acostarse con un tío diferente cada fin de semana. Ella busca cariño, todo el cariño que le puedan dar en cada noche, pero no quiere ir a más. Por cualquier razón que tenga, tiene miedo a que le hagan daño, a intentar algo más complicado, tira por el camino fácil. Sin compromiso no hay daño, piensa.

Durante mucho tiempo estuve sola, convenciéndome que nunca iba a encontrar a alguien, que me iba a conformar con cualquiera que viniese en mi camino para no sentirme sola. Todo eso sin darme cuenta que por el camino podía llegar alguien adecuado, pero estaba tan inmersa en odiarme, en pensar que nadie me merecía que, ¿cómo iba a mirar a mi alrededor? Nada de eso cambió hasta que me acepté, me quise por como era y decidí levantar la cabeza. ¿Por qué como te va a querer alguien si ni siquiera tú puedes quererte?

Por eso nunca juzgues a nadie que no sigue los mismos principios que tú y si no tiene lo que tú tienes. Porque nunca hacemos nada que no pensamos que nos va a proporcionar un beneficio. Todo eso que parece tan superficial, esconde los miedos de una persona. ¿Cuáles? Pueden ser miles. Puede que alguna vez encuentren a alguien que les haga cambiar de opinión, o no. Sólo espero que lo que una vez soñaron no haya sido condicionado por un suceso en sus vidas. 

Pero si tú tienes a alguien que te quiere y tú le quieres, enhorabuena, te has aceptado y has permitido que otro te acepte. Te sorprendería saber lo poco común que es eso. Puede que incluso hayas vencido un miedo que alguna vez teniste, lo dejaste en el pasado y te permitiste volver a intentarlo. Te vuelvo a felicitar, encontraste a alguien por quien merecía la pena arriesgar. 







miércoles, 13 de julio de 2016

La estrella que buscaba su brillo

Érase una vez, una estrella que perdió su resplandor
Dependió de otra para que la encendiese
Y la hiciese brillar,
Pero esa estrella se marchó.

La estrella se fue en busca de otra
Otra estrella que la encendiese
Ya que necesitaba a alguien que le permitiese brillar
Y darle su felicidad.

Ha medida que iba buscando
Iba perdiendo más luz y siendo más infeliz
Nadie parecía querer hacerlo
Porque no destacaba entre los demás.

Entonces la estrella se dio cuenta
“¿Y por qué no puedo hacerlo yo?
Encender yo mi luz
Y brillar por mí sola?”

La estrella encendió su luz sola
Ya no necesitaba a nadie
Sabía que su felicidad era suya
Y no algo que le daban otros.

Pero entonces apareció otra estrella
Otra estrella que le ofreció su luz
Pero ella ya no la necesitaba
Ella podía brillar sola.

Pero comprendió que no venía a encenderla
Sino a mantener su preciosa luz
Porque su felicidad y brillo le atrajo
Y quiso complementar lo que ya tenía.

Y así la estrella brillaba
Y era feliz
Y tenía a quien la apoyaba
Pero no dependía de nadie para alzarse ella sola.


Busca quién te apoye, te ayude a ser feliz y fuerte, pero no dependas de nadie porque si pones tu felicidad y fuerza en otra persona, te arriesgas a perderlo todo si esa persona se va. Tu felicidad y tu fuerza son tuyas, recuérdalo.